Sarah Shourd, Shane Bauer y Josh Fattal, ciudadanos estadounidenses, llevan 10 meses detenidos en la cárcel de Evin en Teherán (Irán). Fueron arrestados en julio de 2009 acusados de espionaje y entrada ilegal en el país cuando supuestamente hacían senderismo en las montañas del Kurdistán iraquí, en Ahmed Awa, muy cerca de la frontera con Irán que cruzaron por error.
La noticia es que ayer, las madres de los tres detenidos pudieron verse por segunda vez desde que sus hijos entraron en la cárcel de Evin de la capital iraní. Después de 10 meses presos, aún no han sido acusados formalmente ni han tenido acceso a un abogado y una llamada telefónica a sus familiares de apenas cinco minutos, según los tres detenidos, fue el único contacto que tuvieron tras ser arrestados. Una multitud de periodistas presenciaron el encuentro emotivo durante el cual, los detenidos y las madres, hablaron en varias ocasiones con la prensa.
Según Sarah, Shane y Josh, en la cárcel de Evin tienen atención médica, buena comida y televisión. Sarah está separada de sus otros dos compañeros en un área para mujeres y según ella “estar sola es la parte más dura”. También han sido los detenidos quienes han afirmado que se reúnen 2 veces al día. El gobierno iraní ha hecho hincapié en “el buen trato que les han dado a pesar de los graves delitos que han cometido”. Las madres de los tres estadounidenses han suplicado la liberación de sus hijos como “un gesto humanitario” de Irán hacia el mundo. También han mostrado empatía por los detenidos iraníes por Estados Unidos pero dicen, ellas no tienen el poder y no pueden cambiar la situación de los presos iraníes.
La diplomacia es clave en asuntos como éste. Da la sensación de que cada gobierno implicado (Estados Unidos e Irán) esté hablando a través de los detenidos y de sus madres. Los ciudadanos estadounidenses que aún siguen detenidos en Irán son, sin duda, un escudo y una medida de presión por parte del gobierno de Ahmadineyad hacia Estados Unidos por los últimos enfrentamientos y amenazas en torno al supuesto rearme nuclear de Irán.
Las madres que vienen de Estados Unidos dicen a la prensa: “Por favor, por favor, dejen que se vayan. Sería un gran gesto para el mundo ver cómo Irán lleva a cabo un acto humanitario. Sentimos una gran empatía por todos los presos iraníes presos en Estados Unidos y hablamos de ello constantemente […] pero no somos políticos, no tenemos el poder de cambiar la situación… Ojalá lo tuviéramos y si fuera así, lo haríamos –los liberaríamos”. Es decir, ellas no pueden tomar decisiones por Estados Unidos pero “estaría bien visto por la comunidad internacional” que Irán empezase a liberar presos estadounidenses, empezando por los tres excursionistas. Voilà. La sutileza de la diplomacia.
Los presos de las cárceles parecen tranquilos: “Les veo dos veces al día”, dice Sarah y, después de una pausa, continúa resaltando la bondad de los funcionarios de prisiones y del buen trato que reciben, “tenemos buena comida y cuidados médicos, lo cual se agradece… Recibir cartas también ha sido un detalle”. Shane Bauer aseguró que “la relación con los guardas está siendo buena” y Josh Fattal añade que tienen “buenos libros” para leer. ¿Es su estancia en las cárceles iraníes simplemente un trámite, un seguro para Irán como otros muchos presos occidentales, o realmente nadie sabe qué va a pasar con ellos ni por qué se les acusa de espionaje? Por una parte, no es disparatado pensar que en la cárcel iraní les tratan bien –dentro de lo bien que se trata a un preso- acogiéndose al código de conducta del Islam; además de la presión internacional que recae siempre sobre los países musulmanes de Oriente Medio, que haría que Irán pagase las consecuencias de sus acciones sobre presos extranjeros.
Es posible, claro, que ambas afirmaciones hayan sido de motu proprio pero hace mucho tiempo que las relaciones entre Irán y Estados Unidos son tensas (no existe embajada estadounidense en Irán desde que triunfó la Revolución Islámica en 1979) y los continuos rumores sobre el ataque a centrales nucleares iraníes por parte de Israel con el posible respaldo de Estados Unidos hace improbable la liberación de cualquier preso estadounidense en Irán excepto por un acuerdo. El ataque no es una idea descabellada debido a que Israel, que oficialmente goza de armamento nuclear, atacó previamente centrales nucleares de países árabes como Iraq y Siria.
De algún modo, Irán encuentra siempre excusas para encarcelar a periodistas –aunque nunca son muy originales porque todos son imputados por espionaje o conspiración- o simplemente viajeros extranjeros, a menudo estadounidenses. El pasado 11 de mayo, Maziar Bahari, un periodista canadiense-iraní que trabajaba para la revista estadounidense Newsweek y que fue arrestado en junio de 2009 y liberado bajo fianza en octubre de 2009, ha sido condenado en ausencia a más de 13 años de prisión y 74 latigazos por acciones contrarrevolucionarias contra el régimen iraní. En una entrevista a Bahari en Al Jazeera, el periodista comenta que nunca pensó que el gobierno llegaría tan lejos encarcelándole y torturándole y que es consciente de que el motivo por el que “sólo” pasó 118 días en la cárcel fue por la presión de los periodistas, porque trabajaba para un medio tan conocido como Newsweek y que si hubiera sido un “blogger cualquiera o un periodista iraní”, no estaría libre sino, todavía, en prisión. El gran apoyo que recibió, también por parte del gobierno de Barack Obama, le permitió salir de la cárcel iraní, previo pago de 300.000 dólares. ¿Tienen el apoyo suficiente actualmente los tres excursionistas estadounidenses para salir de la cárcel iraní?
Lo que es cierto es que Irán aumentó la represión tras las disputadas elecciones de junio de 2009 -52 periodistas han sido encarcelados desde entonces, varios occidentales entre ellos- y lo sigue haciendo un año después.
*Fotografía de Damir Sagoli/REUTERS
