No me siento con autoridad moral para echarle la bronca a nadie. No hago más que sorprenderme cada vez que, desgraciadamente, este conflicto es protagonista, directa o indirectamente, de las portadas de los periódicos. Quise, desde mi primera entrada, hacerle un hueco importante en este blog al enfrentamiento entre Israel y Palestina pero también dije que este blog es, sobre todo, para aprender y ver el mundo desde una perspectiva más incómoda por ser más distante y este conflicto es el mayor reto para analizar los hechos sin implicarme demasiado. Por eso, si no lo consigo, tendré que seguir intentando ser, al menos, lo más honesta posible.
A estas alturas, todos conocéis ya la noticia del ataque israelí a la Flotilla de la Libertad, nombre con el que bautizaron una expedición de ayuda humanitaria cuya ruta iba desde el puerto de Estambul hasta Gaza y que intentaba burlar el bloqueo que Israel mantiene sobre la franja. Los activistas muertos, entre 9 y 19 civiles, según estiman los medios, han sumido a Israel
en una crisis diplomática. La ONU se ha reunido de urgencia ante el ataque en la madrugada del lunes a la Flotilla de la Libertad, una desmesurada respuesta de Israel ante unos activistas cabreados que deseaban alcanzar la costa Palestina. Vale, ¿y ahora qué? De momento, ante la presión internacional de la OTAN y la ONU, Israel ha decidido deportar a todos los ciudadanos que siguen en las cárceles israelíes –hay hasta 600 detenidos de los más de 750 que viajaban a bordo de los seis barcos- que no habían accedido a firmar documentos en hebreo confirmando su entrada ilegal en el país. ¡Menos mal que somos europeos! Gaza sigue con los mismos problemas y éste acto servirá para llamar la atención del mundo y que toda la comunidad internacional le dé la espalda a Israel por haber tocado a sus ciudadanos, pero no estoy tan segura de que sirva para cambiar la situación en Oriente Próximo.
Según Yigal Palmor, portavoz del Ministerio de Exteriores israelí, “esta condena (de la ONU) constituye una gesticulación automática basada únicamente en determinadas imágenes televisivas y no en un conocimiento de los hechos, además de una dosis impresionante de hipocresía“, ha añadido. Los israelíes han “demostrado” la violencia con la que se les ha recibido a bordo a través de un vídeo. Sin embargo, en este vídeo, sólo están claras las primeras imágenes en las que los activistas tiran al primer soldado israelí de la cubierta superior del barco a la inferior y en la que les atacan con una vara de metal. Según el editorial del periódico Haaretz, crítico con el gobierno israelí, “cada vez estaba más claro que terminaría mal. Después de todo, las tropas habían sido preparadas por siete idiotas y sus subordinados, personas que no pueden ver más allá de sus narices”. ¿Alguien esperaba otro recibimiento? Desde luego, fue estúpido enfrentarse a los israelíes pero la rabia, ya se sabe, es ciega. ¿Y si no hubiesen lanzado al israelí o no hubiesen atacado con palos de madera, estarían los 9 muertos vivos? El segundo vídeo difundido por Israel “demuestra” que esos “pacifistas” no lo eran tanto: canicas, tirachinas, varas de metal (que parecen de una sombrilla de playa) y palos de madera… ¿En serio? ¿Es eso suficiente para comenzar a disparar?
El gobierno de Israel se ha defendido. “Fueron atacados en grupo, apaleados, golpeados, apuñalados, incluso hubo información de un tiroteo, y nuestros soldados tuvieron que defenderse, defender sus vidas, o habrían muerto”, ha asegurado el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. La embajada de Israel en España ha manifestado que:
1. El objetivo de esta flotilla es exclusivamente político y propagandístico: apoyar al gobierno del grupo terrorista Hamás. Es evidente que también hay un objetivo político y propagandísticos pero, desde luego, no era apoyar a Hamas sino burlar el bloqueo israelí y, una vez en tierra, hacer un corte de mangas al gobierno hebreo. Eso no elimina la razón humanitaria de su objetivo.
2. Su forma de actuar pone en evidencia que las razones humanitarias no son el objetivo de la operación. Esto puede apreciarse claramente por:
a. Su negativa a hacer llegar la ayuda humanitaria a través del puerto de Ashdod, a pesar de las garantías del gobierno de Israel de hacerlo llegar a la Franja de Gaza. El objetivo de los activistas era alcanzar Gaza para burlar el bloqueo. De haber enviado la comida a través de Ahdod, habrían apoyado el asedio que Israel mantiene en Gaza.
b. Haber rechazado la petición de los familiares del soldado secuestrado Gilad Shalit de hacerle llegar una carta de sus padres.
3. La cantidad de ayuda humanitaria que dicen pretender hacer llegar a Gaza no llega ni a la mitad de la que semanalmente entra desde Israel a la Franja de Gaza desde hace meses. El porcentaje de población que vive bajo el umbral de pobreza es igual que en Haití o Zimbabue (ver estadísticas más abajo).
4. Los organizadores y participantes sólo pretenden montar una operación de propaganda y no una verdadera misión de ayuda humanitaria. No es más que una provocación al servicio de las mentiras de Hamás. Es la misma razón que la primera.
El Portavoz de la Embajada, Lior Haiat, ha manifestado: “En Gaza no hay crisis humanitaria. En el mundo hay decenas de países con crisis humanitarias mucho más graves y no hemos visto a estos activistas llevando ayuda a estos lugares”. Pero esto no son más que palabras. Según el World Factbook que elabora cada año la CIA, Gaza lidera el ranking de los países cuya población vive por debajo del umbral de la pobreza, entre un 70% y un 80%, según diferentes fuentes pero a la par de Haití o Zimbabue.
Gideon Levy, columnista de Haaretz, diario israelí crítico con la política del gobierno en Palestina, ha dicho muchas cosas estos días y merece la pena destacar alguna de ellas:
El coro ha estado cantando canciones de falsedad y mentiras. Todos nosotros estamos en el coro diciendo que no hay una crisis humanitaria en Gaza. Todos formamos parte del coro alegando que la ocupación de Gaza ha terminado, y que la flotilla es un ataque violento a la soberanía de Israel –el cemento transportado era para construir búnkeres y el convoy había sido financiado por los Hemanos Musulmanes turcos. El asedio israelí de Gaza derrocará a Hamas y liberará a Gilad Shalit (soldado israelí secuestrado por Hamas). El portavoz del Ministerio de Exteriores, Yossi Levy, uno de los más ridículos propagandistas, se superó a sí mismo cuando, sin pestañear, proclamó que el convoy de ayuda que se dirigía hacia Gaza era una violación de la ley internacional. Ya… Claro…
Os dejo aquí el artículo completo de Levy titulado La Flotilla de Gaza conduce a Israel a un mar de estupidez.
*Fotografía de Spencer Platt/AP. An israeli soldier looks out towards Gaza

Voy a responder a algunas de tus cuestiones planteadas.
Te preguntas si que lleven tirachinas y palos es suficiente excusa para un tiroteo. Los palestinos tiran piedras y ellos les lanzan bombas. Según Israel, sí, es excusa suficiente.
Hubo información de un tiroteo… Pues en los vídeos ni se ve, ni se oye. Deben ser armas provenientes de Iraq, que sabemos que tienen el poder de volverse invisibles.
La Flotilla viola la ley internacional. Ah, me acabo de enterar de que la ley internacional apoya el bloqueo de Gaza, fíjate tú. Claro que estoy seguro de que, aunque retrasado, Yossi Levy sabe que lo que dice es mentira, pero total, los informativos sólo informan (se les olvida que mencionar que no se apoya su acción es informar, no opinar en contra) y su pueblo le va a creer.
Ahora bien, tiene razón el Gobierno israelí al decir que las razones no eran exclusivamente humanitarias, que había una intención de burla hacia el gobierno. Pero esa intención, en una democracia, no justifica la violencia, pues para algo existe la Ley y los Juzgados. Creo que Israel debería haber tomado otras medidas, como poner sus barcos en fila alrededor del mar de Gaza bloqueda y decir: “Mira, de aquí, no se pasa.” Pero atacar a un barco en aguas internacionales SÍ viola la Ley internacional por mucho que su intención fuese entrar en aguas de Gaza. Subnormales.
Respecto a que la Flotilla de Gaza pertenecía a Hamás (y por tanto, los españoles y demás europeos a bordo) me suena a enfermedad Bush totalmente. Qué pena.