La actualidad tiene prisa y corre más que yo. Cuatro días son muchos días para un conflicto en el que la tensión se desborda y cruza fronteras y mares. Los enfrentamientos se desarrollan casi tan rápido como las enfermedades contagiosas: en menos de 24h un torpedo que no se sabe de dónde viene pasa de provocar un conflicto regional a poner a prueba la influencia de Estados Unidos en Asia o poner en un aprieto diplomático al gigante chino. El mundo son grandes bloques de vecinos en constante convivencia y los vecinos, ya se sabe, pueden prestarte la sal o hacerte la vida imposible y cuando ocurre lo segundo, tiembla el edificio entero y en las juntas de vecinos no se llega a ningún acuerdo.
Wen Jiabao, primer ministro chino, es el principal mediador en la crisis de la península coreana. China debe demostrar su capacidad para preservar la seguridad del continente que lidera y así ser respetado por la comunidad internacional.
Presiones diplomáticas en la cumbre regional
La tercera cumbre tripartita China-Japón-Corea del Sur se celebra este fin de semana en la Isla de Jeju, en Corea del Sur, y tiene como objetivo desarrollar la cooperación entre las tres potencias más importantes del continente asiático. Hoy, segundo día de la cumbre, las conversaciones giran en torno a la seguridad de la región. China se enfrenta en esta cumbre a las presiones para unirse a los países que han culpado a Corea del Norte por el supuesto ataque a un buque surcoreano. Las posturas sobre el conflicto en la península coreana ponen en un aprieto a China que tiene previsto firmar el documento Visión 2020 que establecerá una Secretaría de Cooperación Trilateral.
Dos potencias enfrentadas
Si China no reconoce la culpabilidad de Corea del Norte podría provocar una desconfianza en Corea del Sur, país con el que China mantiene acuerdos estratégicos y comerciales. Pero, lo que es más importante, la decisión de no acusar a su aliado, supondría desafiar a la superpotencia mundial por excelencia: Estados Unidos. ¿Le interesa a China, reconocida potencia global, hacer la pelota al gigante norteamericano o ser fiel a su histórico aliado Corea del Norte, comunista, y aislado del mundo al que China quiere pertenecer? Sin duda, perder las buenas relaciones con Estados Unidos sería una insensatez pero, lo interesante de este conflicto es que, hoy, Estados Unidos se juega mucho más que China. En cierto modo, es Estados Unidos el desesperado por tener buenas relaciones con el gigante chino y es éste último el que se está pensando qué debe hacer. Desde la Guerra de Corea (1950-1953) y, posteriormente, la de Vietnam (1958-1975), Estados Unidos ha perdido poco a poco su influencia en Asia. Tras la victoria de los comunistas en China en 1949 y hasta su entrada en el capitalismo en 1978, el país asiático intentó debilitar los gobiernos proestadounidenses por toda Asia –con una clara victoria en Vietnam. Si a esto le sumamos los oprobiosos fracasos del ejército norteamericano en la zona, tenemos una mezcla de orgullo y memoria histórica muy peligrosa. Es decir, olvidar el conflicto para evitar una guerra supondría una cesión de poder de la superpotencia mundial. Y ya tiene bastante el gigante norteamericano con aceptar la futura hegemonía compartida del mundo con las cuatro potencias emergentes –Brasil, China, India y Sudáfrica, aunque esta última en menor medida- como para dejarse humillar por alguna de ellas.
El dilema chino
China aún no es considerada superpotencia, pero sí actor global imprescindible –es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que le otorga un poder de veto en las decisiones. Esto significa que el país asiático no puede actuar unilateralmente si quiere ser reconocido y respetado internacionalmente, es decir, debe respetar las reglas del juego –hablamos del juego exterior, por supuesto, no de puertas para adentro.
Ante el rápido aumento del poder y la posición de China en el mundo, Estados Unidos está respondiendo con una actitud de cooperación y amistad. ¿Pone el conflicto de Corea del Norte en peligro la relación de ambas potencias? Entendemos a las dos potencias (siendo, de momento, Estados Unidos la potencia superior) como dos competidoras en un mundo de recursos e intereses, no como dos enemigos; es decir, China no es la URSS.
Sin embargo, este conflicto pone a los dos países contra las cuerdas, lo que no es del interés del ninguno.
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La solución al conflicto en la Península de Corea
La solución a este conflicto se antoja complicada. No parece posible la aprobación de un castigo a Corea del Norte por parte de China, pues supondría permitir una guerra y desestabilizar la economía en el Sudeste asiático y, además, tener que tomar parte en el conflicto. Tampoco es fácil pensar, actualmente, en el veto de China a cualquier acción contra Corea del Norte o el rechazo de sanciones económicas pues provocaría una desconfianza en sus aliados estratégicos, Japón y Corea del Sur en las labores de cooperación y sería un desafío a los Estados Unidos, potencia amiga y rival al mismo tiempo, pero, sin duda, estratégica e imprescindible.
Nos encontramos ante una lucha de gigantes camuflada en la que parece que Corea del Sur y Corea del Norte tienen poco que decir en su propio conflicto. Como siempre, cuando las instrucciones “vienen de arriba”, hay que esperar y hacer lo que te digan. Eso también forma parte de la diplomacia.
*Fotografía de Stringer\REUTERS. Entrenamientos militares previos a la celebración del 60º Aniversario de la República Popular China en octubre de 2009




En caso de conflicto (hipotético) al borde de la guerra, China quizá y probablemente terminaría por posicionarse al lado de EE.UU y Corea del Sur. La razón por la cual China es a día de hoy aliada de Corea del Norte “de puertas afuera” es porque la propia legitimidad del régimen chino surge de su definición como régimen comunista a pesar de que en la práctica económica ya no lo sea y aunque en la política habría que ver si lo sigue siendo o es que nunca lo fue como tal, constituyéndose a día de hoy como una especie de mezcla entre comunismo a la asiática y mantenimiento de costumbres propiamente chinas que a los no entendidos se les escapa. Corea del Norte es un aliado histórico y sobre todo, un estado tapón que evitó en su momento la posible intervención de EE.UU en asuntos de la RPC. Por lo menos evitó a la RPC tener a los estadounidenses de vecinos. Es por esto que la posición de China frente a Corea del Norte es algo lógico dentro del “juego político”, pues a día de hoy, con sus fuentes de legitimidad, el regimen no podría mantenerse como tal, pues cualquier regimen tiene sus limitaciones y obligaciones, que en el caso de China son principalmente económicos/desarrollistas (proveer a la población de una serie de comodidades) y seguidamente nacionales (Tíbet, Xinjiang, Taiwán…), aunque con la Cuarta Generación de líderes empieza a vislumbrarse una vuelta a “la sociedad armoniosa” confuciana que tiene que ver con el rechazo chino a la aculturación en ciertos aspectos de su sociedad. Sin embargo, aunque los objetivos maximalistas de EE.UU y la RPC sean diferentes, hay un margen de colaboración común para mantener la paz. A China no le conviene en ningún caso, ni le interesa, ni le apetece, ni le beneficia inmiscuirse (en el caso hipotético que es prácticamente imposible que se produzca, pues EE.UU tampoco va a entrar al trapo) en un conflicto armado entre Corea del Norte y Corea del Sur. En realidad éste sólo provocaría la caída del régimen de Pyonyang.
Por ello, Corea del Norte más que aliado de China, es el hermano pequeño que hace pasar vergüenza a Hu Jintao y al resto de líderes de la Cuarta Generación.