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De Madrid a Johannesburgo

De Madrid a Johannesburgo

El 06 de junio del año pasado cogí un avión a Johannesburgo. Ocho días después, con casi 3.500km recorridos en coche y sin haber visto ni siquiera un cuarto del país –Sudáfrica es enorme-, acudí a la cita España-Nueva Zelanda en el estadio Royal Bafoken en Rustenburg, a pocos kilómetros de Pretoria, donde me alojaba un día antes de regresar a Madrid. España era la favorita de la Copa Confederaciones -a excepción del equipo nacional, claro- y fuimos bienvenidos en el estadio. Los periodistas deportivos se quejaban por el ruido de las vuvuzelas o trompetas, el accesorio preferido de los aficionados sudafricanos. A mí me emocionaba y a los niños mucho más. Claro que yo no tuve que aguantar el resto de la Copa sin oír el pitido de los árbitros por el escándalo que se armaba en los estadios.

Si hay una canción para todos aquellos que van a Sudáfrica este año, yo recomendaría una de un cantante zimbabuense antes que la de Shakira… La canción que os comento es Oliver Mtukudzi – Ndima Ndapedza. La descubrí al inicio de mi viaje, en un pueblecito cerca del Parque Kruger llamado Graskop donde, por cierto, me comí un delicioso crepe de pollo con salsa de champiñones –les encantan los champiñones. No paré de escuchar la primera canción en el reproductor del coche el resto de los 3.000km que me esperaron por delante. Era la primera vez que pisaba África –ya sé que Marruecos está aquí al lado- y sé que esta canción no se me olvidará nunca.

Ndima Ndapedza me hizo vivir más mi aventura en Sudáfrica. Cada vez que montaba de noche en el coche, iba intranquila, temiendo que cualquier vigilante del Parque Kruger se hubiese quedado dormido y encontrarme a un elefante extraviado por la carretera o, tal vez, a un bebé cebra cenando gravilla de la carretera.  Aquello era salvaje (salvaje pero con muy buenas carreteras, a ver si me explico) o, al menos, eso quise creer. Sentí la (aparente) nada y la ingobernabilidad de los paisajes lo cual es de agradecer, sobre todo si has nacido en una ciudad donde el todo es agobiante y tranquilo.

Ahora, a veces, cuando paseo por Madrid o voy al trabajo o a la Universidad, la maravillosa opción de random que tiene todo mp3 hace que, por sorpresa, las comisuras de mis labios se giren un poco hacia arriba. Aunque esté cruzando la Gran Vía, Oliver -Tuku para los amigos- Mtukudzi hace que camine con cuidado por si un león (o peor, una leona) aparece por la calle Valverde o Tres Cruces o San Bernardo y me descubre… Y se me ponen los pelos de punta. Y me asusto un poco. Y Madrid vuelve a ser una pequeña aventura. Y Madrid vuelve a ser lo que nunca ha sido: ingobernable y salvaje.

*Ambas fotografías fueron hechas en mi viaje a Sudáfrica en junio de 2009

3 Responses to “De Madrid a Johannesburgo”

  1. Javi dice:

    Me gusta la última frase. Lo único que es mentira: Kruger no es tan ingobernable ni tan salvaje. Se han hecho carreteras de cemento. Pero al menos se ven animales, no como en Mozambique que están escondidos, o tienes suerte y aparece un elefante delante del camino. Vaya miedo nos dio ver su culito.

  2. aidaprados dice:

    No es mentira. No me refiero al Kruger sino a los paisajes de Sudáfrica. Y es verdad que lo parecen

    No ves muchos animales en Mozambique porque solían emigrar de Sudáfrica a Mozambique y un buen día levantaron una verja y dijeron de aquí hasta aquí se llamará Kruger. De la verja en adelante es Mozambique y los elefantes no entendían nada. (En realidad esa verja les protege pero también es el motivo porque el que ya no emigran)

  3. Javi dice:

    También que se cargaron más de dos tercios de su fauna (flipa) en su Guerra Civil.

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